Nos hemos encontrado unos cuarenta sacerdotes y dos diáconos de 1la Diócesis en la Casa de Espiritualidad de las teresianas, para hacer un retiro espiritual del tiempo de Adviento. Ha sido interesante, además por lo que se ha tratado, porque hemos hecho exposición del Santísimo, hemos rezado y nos hemos saludado sacerdotes de diferentes lugares de la Diócesis; los más jóvenes y los más ancianos.

Hemos rezado la Hora menor y a continuación una meditación para prepararnos, durante el Adviento, para recibir al Señor en la Navidad, es decir, celebrar la Encarnación del Hijo de Dios; dirigido por el obispo Enrique a los sacerdotes. La dignidad del sacerdote, no le viene dada por el poder político de reconocimiento social, diría yo, sino que le viene de haberlo llamado Jesucristo, a ser de sus amigos privilegiados. Dios es nuestro amigo. ¡Nada menos! Sí, esta es nuestra valoración. Aquí no entra el dinero, ni la política, ni los primeros lugares, aquí entra Dios en esta vida temporal y en la vida eterna. Somos pues, Apóstoles de Jesús.

Por lo tanto vienen tres preguntas: ¿considera sacerdote lo qué estás haciendo?  Segundo, ¿por qué lo haces?  ¿Cómo lo haces? No eres un funcionario, sino un discípulo.

La respuesta a estas preguntas está iluminada por el evangelio de Jesús. Estamos transmitiendo la Eucaristía, la Palabra de Dios, la oración. Actuamos en nombre de la Iglesia, lo cual nos indica la responsabilidad que tenemos, la Iglesia me ha confiado una misión. Juan el Bautista nos sirve una vez más de ejemplo y testigo: hablamos, no de nosotros mismos, sino de Jesucristo resucitado, Señor del mundo, de la historia y rey de la eternidad. Somos la voz de Cristo. Vivimos para el Señor, y vivimos con él, con alegría. Ver nuestros ministerios, como una vocación al apostolado. Estar con el Señor y hablar del Señor. Cita a Santa Teresa, que para tener vida, hay que dar vida.

2También ha habido un tiempo para intercambiar nuestros pensamientos y animarnos. Después ha habido turno de comentarios, informaciones, de las actividades y algunos enfermos. Me quedo ahora con esto: Que mirando el encuentro “aplec” del Espíritu, necesitamos voluntarios. Una buena cosa, para sentirnos Iglesia de Jesús. Me parece que ha faltado algo importante, después de todo: que debemos pedir por las vocaciones sacerdotes, seguramente que lo hemos hecho, puesto que hemos tenido una hora de exposición con el Santísimo y de silencio. Se ha leído un tema sobre la esperanza y luego la bendición.

Mn. Antonio Bordás.