Si alguien dice: ”el Santísimo Sacramento”, todos entienden: ”se refiere a la Eucaristía”. Aunque todo sacramento merezca el calificativo de “santísimo” pues, al ser “acción de Cristo”, lo canoniza totalmente , es muy sensata la reserva del superlativo para el Sacramento del Altar, porque contiene la cumbre de la vida de Jesús de Nazaret: nada hay que supere en poder santificador a la Eucaristía. Una segunda razón acredita el superlativo: no dio el Señor por terminada sus institución sin añadir un imperativo redondo: ”Haced esto, es mi Memorial”. ”Repetidlo, repetidlo…”- ¡Y esto es lo que ha perturbado el fatídico y criminal Covid19!. Jamás, en mi larga vida presbiteral he sido tan incumplidor del “hacedlo” de mi Señor…Casi noventa días “sin”. Entre ellos, los entrañables de la Semana Santa.

Por fin, ayer, 8 de junio, lunes y a las 10 de la mañana, en la Residencia Diocesana de Sant Miquel A., volvimos a celebrar la Misa, obedecimos el imperativo del Señor. Fue una liturgia devota y emocionada, desde luego. Pero también rarísima. Sin mucho detallar nombro las rarezas  de mayor espectáculo: 1) Seis éramos los sacerdotes celebrantes…pero solamente uno la actuó,-quien apareció con gorro-guantes-mascarilla-bata…; parecía un sanitario, enviado del hospital, para mantener a raya al virus. En realidad era Mn. Pascual, siempre detallista en lo bueno y saludable. 2) Los otros cinco sacerdotes éramos presbíteros que no debíamos acceder al presbiterio, que es tan anormal como, a la rosa negarle el rosal… Y además, con mascarilla que tapaba por completo la boca (y la nariz), traza que no hablaba mucho a favor de que estuviéramos dispuestos a comer y a beber la Cena del Señor…3) Los fieles participantes, residentes, ellos y ellas, formaban “la fracción A”: para evitar posibles contagios a la totalidad, las responsables idearon (muy acertada idea)  dividir a los participantes en cuatro grupos; el “A”, estrenó.-En fin: Misa revestida de virus…

Al terminar la liturgia y enviar, con la mirada, un cariño a la Virgen –en hermosa imagen, tallada por Ángel Acosta- me pareció que Ella, maternal y jubilosa, decía: “Qué bueno que hayáis vuelto”. Y el Jesús del sagrario, al que sabemos silencioso pero muy vivo, pensaría: “A ver si en la segunda Misa os distraen menos los remedios antivíricos y gozáis todavía más mi Memorial”.

           e.a.p., 10 de junio de 2020