Hoy celebramos la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, una fiesta de gran tradición en la Iglesia Católica. La noche en que había de ser entregado, Jesús hizo por primera vez lo que nosotros hacemos cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía: tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió, lo dio a sus discípulos y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía” (1Co 11,23-24). Algo pareciendo hizo con el Cáliz lleno de vino. Por eso, concluye San Pablo, “cada vez que coméis de este pan y bebéis del Cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Co 11,26). Anunciar la muerte del Señor es decir a todos que en Él encontramos vida y salvación.

Este fue un gesto de amistad y generosidad de Jesús para con sus discípulos. La fiesta de hoy, en la que recordamos aquel momento, tiene una especial solemnidad porque queremos agradecer públicamente al Señor el regalo de su amistad, que haya querido quedarse con nosotros y dársenos en el sacramento de la Eucaristía. Lo agradecemos y lo proclamamos, porque cada vez que participamos en ella nos unimos a Cristo y hacemos presente en nuestra vida el misterio de la salvación. Los cristianos nunca podemos dejar de anunciar al mundo el amor de Cristo que se manifiesta en la Eucaristía.

A lo largo de las últimas semanas muchos niños y niñas de nuestras parroquias os habéis acercado por primera vez a recibir al Señor, y hoy participáis en la celebración del Corpus. Seguramente habréis recibido muchos regalos. El más grande y que más ilusión os ha de hacer es el mismo Jesús, ese Jesús a quien habéis recibido en la Eucaristía: acogedlo en vuestra vida y no dejéis de participar cada domingo en este sacramento; agradecedlo haciendo lo posible para ser y vivir siempre como amigos suyos; y anunciadlo proclamando vuestra fe. El Señor nos ama a todos, y también a vosotros. Participar en la Eucaristía quiere decir recibir ese amor de Jesús y hacer lo posible para vivir como amigos suyos.

Hoy celebramos también la jornada de Cáritas diocesana. No olvidemos que celebrar la Eucaristía nos debe llevar a solidarizarnos con los más necesitados, y que una forma eficaz de hacerlo es colaborando con Cáritas diocesana, un instrumento muy importante en nuestra diócesis para ayudarnos a los cristianos a vivir el mandamiento del amor. No solo anunciamos la muerte de Cristo cada vez que celebramos la Eucaristía; también cuando hacemos presente su amor a los más necesitados.

Uno de los elementos más característicos de esta fiesta es la procesión eucarística que recorre las calles del nuestros pueblos y ciudades. Con este signo queremos manifestar lo que somos como Iglesia: un pueblo que camina contento y esperanzado por el mundo, porque sabemos que el Señor vive y camina con nosotros. Pero también queremos decir a quienes pasan hambre o sed, a quienes no tienen casa, a los que sufren o necesitan una oración o una palabra… a todos: Jesús os ama, Él es nuestra Vida, Él es el Alimento de Vida que nuestro mundo y todos nosotros necesitamos.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa