En esta solemnidad de Pentecostés, en la que llega a su culmen el tiempo de Pascua, quiero dirigirme a los jóvenes que durante estos meses ibais a recibir el don del Espíritu Santo en el sacramento de la Confirmación. Os habéis estado preparando en vuestras parroquias para este momento, pero debido a la situación que estamos viviendo lo hemos tenido que aplazar hasta que lo podamos celebrar como una auténtica fiesta de la fe para vosotros, vuestras familias y las comunidades cristianas. Os quiero invitar a que mantengáis viva la ilusión por recibir este sacramento que os une con más fuerza al Señor y a la Iglesia.

En la liturgia de la Confirmación el Espíritu es enviado a cada uno de nosotros tal como fue enviado a los apóstoles el día de Pentecostés, es decir, en toda su plenitud. Si en ese momento es derramado en nuestros corazones es para que lleguemos a vivir plenamente como cristianos. Por ello, me gustaría que antes de recibir la Confirmación tuvierais un momento de sinceridad con vosotros mismos y con el Señor, y en un clima de oración os hicierais esta pregunta: ¿Qué tiene que cambiar en mí para ser cada día mejor cristiano? Si no os planteáis esto en algún momento de vuestra preparación, la Confirmación podrá ser una celebración bonita, incluso emotiva para vosotros y vuestras familias, que se alegran de que hayáis dado este paso a pesar de que vivimos en un ambiente descristianizado que no ayuda a valorar la fe, pero habrá servido para poco, porque no habréis interiorizado lo que significa este sacramento

No se trata de que de la noche a la mañana cambie todo y os convirtáis de repente en unos cristianos perfectos. El Espíritu Santo no actúa en nuestras vidas de un modo espectacular, sino que lo hace silenciosamente. Por ello no os debéis inquietar si al día siguiente tenéis la sensación de que ha cambiado poco en vuestra vida. Nadie puede considerarse a sí mismo un cristiano perfecto. Al contrario, estoy convencido de que un buen cristiano siempre tiene la sensación de que hay muchas cosas que deben mejorar en él. El Espíritu Santo hará que no muera en vosotros el deseo de ser verdaderos amigos del Señor. Si tenéis esta inquietud podéis estar contentos, porque es una señal de que habéis recibido la Confirmación con seriedad y responsabilidad

Todo sacramento nos pide un compromiso de vida. En caso contrario es una celebración vacía, una apariencia sin contenido. Mantener la coherencia entre la fe y la vida, y no avergonzarse de ser cristianos dando testimonio con delicadeza y respeto, son las exigencias que nacen de este sacramento. Ser cristianos de verdad no es hoy más difícil que en otras épocas de la historia, pero vivimos en un mundo en el que muchos lo consideran algo pasado de moda. Tenéis que luchar contra el ambiente que nos rodea y eso a veces no es fácil.

Que el Espíritu que recibiréis en la Confirmación os dé la fuerza que necesitáis para que el mundo no mate vuestra fe.

+ Enrique Benavent Vidal
   Obispo de Tortosa