El dia 19 de marzo,  fiesta de san José, se celebró en el convento de las Hermanas Pobres de Santa Clara  la profesión solemne de sor Jacinta Mª de la Asunción Duku Kisua. La Eucaristía fue presidida per el Sr. Obispo, Mons. Enrique Benavent i concelebrada por Mn. Pascual Centelles y Mn. Antonio Ripollés.  Acompañaron a las hermanas clarisas de Tortosa, algunas clarisas de otras comunidades, entre ellas de Toledo, religiosas de Tortosa de otras congregaciones y un buen número de tortosinos.

Empezó la Eucaristía con el canto de entrada: “Este día está consagrado al Señor, nuestro Dios”. Las clarisas proclamaron las lecturas propias de la festividad de San José. La 1ª lectura del segundo libro de Samuel (2 Sa 7,4-5ª.12-14a.16).  El Salmo responsorial 88: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor”. La 2ª lectura de la carta de san Pablo a los cristianos de Roma (Rm 4, 13.16-18.22). Mn. Ripollés proclamó el evangelio según san Mateo (1,16. 18-21.24a)

A continuación el Sr. Obispo le preguntó a la hna. Jacinta, entre varias cosas: ¿Qué pides a Dios? Respondió: Pido ser admitida en la profesión solemne… para el bien de la Iglesia y salvación del mundo. Al final del interrogatorio dijo el Sr. Obispo: Bendigamos al Señor y empezó la homilía.

Estimados hermanos en el sacerdocio, comunidad de hermanas clarisas, apreciada hermana  Jacinta, hermanos todos en el Señor. Las clarisas están viviendo unos momentos de gracia de Dios. También la diócesis participa de esta gracia y de agradecimiento por nuestra parte. El Señor se ha ido haciendo presente en la vida de nuestra hermana para conducirla hacia El.  La decisión que ha tomado de consagrarse por completo al Señor, no se puede entender sin el amor a Dios.

En la 2ª lectura nos dice san Pablo: “Como todo depende de la fe, todo es gracia”. La hermana Jacinta ha respondido al amor y le ha entregado su persona y su vida y desde lo más íntimo del corazón debe proclamar: gracias Señor por todo lo que has hecho por mi.  Santa Teresa dice que cuando somos amados se despierta en nuestro corazón un deseo de amar. Dígale al Señor que le amará sobre todas las cosas con la entrega de su vida  enteramente para El. Le entrega su persona para dejarse amar por El y amarle cada día con más intimidad. Desde la pequeñez acepta vivir en obediencia y poder responder como María: “Hágase en mi según su palabra”.  Viva en obediencia como san José. Tanto él como María se sienten unos humildes servidores y no le piden explicaciones al Señor; se fían y le obedecen.

El voto de obediencia le debe llevar a confiar en el Señor, ya que la obediencia es la forma más clara del amor a Dios. Una obediencia amorosa que es posible si vive la pobreza de espíritu con un corazón pobre y alegre. Es vivir la alegría en la pobreza, porque ha descubierto que Cristo es su mayor riqueza. Pida que haga de su vida un canto alegre al Señor. El quiere desposarse con usted y esto significa corresponderle con su virginidad. María  es virgen en su cuerpo porque es completamente del Señor.  Hermana, que la castidad de su cuerpo sea expresión de su amor al Señor para siempre y confiando enteramente en El.

La obediencia amorosa a la voluntad de Dios es lo que le hará realmente feliz. Que su respuesta vaya creciendo cada día más en deseos de amor al Señor y estos deseos sean cada vez más fuertes. La vida contemplativa nos demuestra que cuando un alma responde a Dios, le va concediendo cada día más gracias. En san Francisco y santa Clara la pobreza no canta sus grandezas y su entrega no les lleva a considerarse más que los demás. Su espíritu de pobreza era cada día más grande y su oración cada día más ferviente.

Queridas hermanas, su vocación es una muestra de predilección de parte del Señor, pero también es para la Iglesia, que necesita signos que nos guíen por los caminos de Dios. Lo que el mundo pueda ofrecernos, deja el corazón insatisfecho. Que la sencillez de la vida contemplativa y la humildad de espíritu les ayuden a cumplir el deseo de llegar a El. La Iglesia peregrina necesita de su oración. El amor de los esposos será más fuerte, la fidelidad será mayor, los que sufren por causa de Cristo se sentirán más satisfechos… Que un día lleguen a reunirse en la asamblea de los santos. Que así sea.

Después de cantar “Veni creator”, nuestro obispo Enrique le pregunta entre varias cosas: Querida hija, por el bautismo estás consagrada al Señor, ¿quieres consagrarte solemnemente como esposa de Nuestro Señor Jesucristo? Sí, quiero, respondió la hermana Jacinta. A continuación se tumbó en el suelo durante las letanías de los santos.

Después la hermana pronunció ante la abadesa la fórmula de profesión solemne: Yo, sor Jacinta Mª de la Asunción Duku Kisua, hago hoy los votos de obediencia, pobreza, castidad y clausura y me confío a esta familia religiosa, a nuestro padre san Francisco y a nuestra madre santa Clara. Respondió el Sr. Obispo: Yo, de parte de Dios Padre Todopoderoso, si esta vida guardares, te prometo la vida eterna. Sor Jacinta se aproximó al altar para firmar su profesión perpetua. El Sr. Obispo pronunció esta oración: Envía sobre esta hija tuya el fuego de tu Espíritu, que sea siempre fiel a Cristo, ame a la Iglesia… Recibe el anillo como esposa de Jesucristo, tu Esposo, el Rey eterno. Amén. Y le entregó el anillo.

Después de cantar el Credo, sor Jacinta llevó las ofrendas, mientras las hermanas cantaron el Ave María. El canto de la comunión fue: “Cerca de Ti, yo te alabaré”.  Después de la acción de gracias, la hna. Jacinta nos dirigió unas palabras: Os saludo a todos en este día tan importante para mi. Primero al Señor, él es mi fortaleza. Al Sr. Obispo por presidir la celebración y acompañarme, así como a mosén Pascual y a mosén Ripollés. Gracias a mi comunidad,  a las hermanas de otras congregaciones, gracias a todos. Estoy muy feliz de haber llegado a estos momentos de mi profesión solemne. Pediré al Señor por todos. Gracias.

El Señor Obispo impartió la bendición final y nos dijo: En el nombre del Señor, podéis ir en paz. Antes de despedirnos cantamos a la Virgen el Magnificat.

Después fuimos todos invitados a tomar unas pastas. Y acabo con una frase de santa Clara del recordatorio de este día de sor Jacinta: “Ama totalmente a quien totalmente se entregó por tu amor”

                                                                     Maria Joana Querol Beltrán

 

Homilia
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