Martes 29 de octubre 2019. Tuvimos el tesoro de Lourdes  en la parroquia de santa María del Mar. La sencillez, la humildad recibía el premio del Padre en nuestra tierra. Admiración, respeto, piedad, agradecimiento. La reliquia de santa Bernardette convocó a tantos y tantos amantes de la Madre de Dios que disfrutaron con la presencia del Sr. Obispo de la Diócesis acompañado por el clero de Benicarló, arropados por el entusiasmo de la Hospitalidad de Tortosa, el fervor y piedad de los amantes de María y la ilusión del coro de la Salle que ponía los  acentos vigorosos y piadosos en la escritura de esta página de la historia benicarlanda.

Musitaba el Sr. Obispo que Dios se complació en la humildad de Bernardette. Y le dio la gracia extraordinaria de poder hablar con su Madre del cielo. La humilde jamás  se cree superior a los demás, porque ha recibido tan excelso don. En cambio, goza -y sufre- por tan gran tesoro que no se lo queda para ella, sino que lo expande y regala a los demás, aunque le hieran y la quieran humillar. Bernadette está en su propia salsa, la humildad; y como crecía en humildad, al hablar con tan celestial Madre, Dios seguía regalándole gracia tras gracia.   ¡Como sucedió con  María dieciocho siglos antes!  ¡La humildad tierra de captación de la santidad!

Bernardette, cuando salió de su pueblo, siguió su crecimiento en humildad y ya jamás volvió a su pueblo. Y seguía creciendo en humildad al ser tratada, a veces despectivamente, en su convento donde ingresó como monja. Lo suyo era gozar de Dios tanto en cuanto crecía en humildad. Y es que Dios no se cansaba de regalarle gracias, porque ella gozaba en su humildad, tanto en su enfermedad, tanto  en la separación de su hogar, como en ser considerada como la última en su  convento.

Y por eso vemos hoy, visiblemente,  los frutos incontables que Dios regala a tantos y tantos que visitan Lourdes. ¡Y cómo lo cuentan! Contemplar su emoción, contagia. Santa Bernardette, ¿nos vas a regalar la virtud de la humildad que es lo mismo que decir el amor a Dios y a santa María?  ¡Lo queremos! ¡Ayúdanos, por favor! Agradecemos a todos quienes nos han hecho este regalo.

Manuel Ferrer