LAS BIENAVENTURANZAS  EN EL EVANGELIO DE SAN LUCAS

En el evangelio de este domingo escucharemos las bienaventuranzas en la versión que presenta san Lucas (6, 20-26). Encontramos tres diferencias fundamentales en relación con las del Sermón de la Montaña de san Mateo (Mt 5, 3-12): La primera es que en Lucas únicamente hay cuatro bienaventuranzas, mientras que en Mateo son ocho. Lucas ha trasmitido aquellas en las que son proclamados dichosos por Cristo las víctimas de unas situaciones que les vienen dadas por nuestro mundo (pobreza, sufrimiento, hambre y persecución por causa de Cristo) y ha omitido las que en la versión de Mateo expresan actitudes que están llamados a vivir los discípulos y que suponen un estilo de vida (ser misericordiosos, limpios de corazón, trabajar por la paz y luchar por la justicia). La perspectiva es distinta pero no opuesta: Lucas quiere transmitirnos la mirada de Jesús sobre las víctimas de un mundo muchas veces inhumano e injusto e infundir esperanza. Las actitudes que el discípulo está llamado a vivir para sembrar el Reino de Dios van apareciendo en otros pasajes del Evangelio.

La segunda es que la formulación de Lucas es más escueta que la de Mateo: los pobres de Lucas son mencionados por Mateo como pobres de espíritu; el hambre es interpretado por Mateo como hambre y sed de justicia; la promesa anunciada a los que lloran es formulada en Lucas como un cambio en su situación (reiréis), mientras que en Mateo “serán consolados”; la bienaventuranza dirigida a los discípulos por ser perseguidos a causa de Cristo es similar en los dos evangelios. Ello no significa que estemos ante dos mensajes distintos, porque si las leemos en el contexto de todo el evangelio de Lucas descubrimos que también se habla de actitudes que deben ser vividas por los seguidores de Cristo. En los dos evangelios hay un mensaje fundamental: los criterios del mundo son derribados tan pronto como se ven las cosas desde la valoración que de ellas hace Dios, que es distinta de la del mundo. Precisamente los pobres según el mundo y aquellos a los que se considera perdidos son los verdaderamente dichosos, los bendecidos, y en todos sus padecimientos pueden alegrarse y regocijarse. Estamos ante promesas que vislumbran el mundo nuevo inaugurado por Jesús.

La tercera es que en la versión de Lucas las cuatro bienaventuranzas van acompañadas de cuatro advertencias dirigidas a los ricos, a los saciados, a los que ahora ríen y a los que únicamente se preocupan de que todos hablen bien de ellos. Llegará un día en que estos tendrán hambre y llorarán, porque ya han recibido su consuelo en este mundo. Son advertencias que nos anuncian que el juicio definitivo sobre el hombre no depende del éxito o la felicidad que se tenga en nuestro mundo, sino del juicio de Dios, que es quien tiene la última palabra sobre la historia. En definitiva, las bienaventuranzas nos hablan de un mundo nuevo que ha comenzado en Jesús, que debe ser vivido por los discípulos y que alcanzará su plenitud al final de los tiempos.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa