Preciosa celebración, ya en la segunda edición, en la parroquia de san Bartolomé de Benicarló. La sed del amor a María atrae a esta simpática fiesta en honor de María Assumpta a los cielos.  La madre siempre crea un cerco de amores. Y es que con ella se sienten y gozan  olores de humildad, de alegría y de cercanía a su Hijo Jesús, Dios y Hombre verdadero. Y no se cansa de esperar y mirándola a Ella se siente la dulce y tierna mirada de Jesús, porque a Jesús se va y se vuelve siempre por María.

En la festiva liturgia de la noche le rezamos el Ave María en varios idiomas: Latín, griego, inglés, valenciano, catalán, malgache, francés…

Y en las lecturas, plagada de imágenes visionarias para vibrar ante la realidad: “Vestida de sol”, “la luna a sus pies”, “las 12 estrellas en su corona” que acompañan al trabajo ordinario de María: visita a su prima Isabel para ayudarla en el parto, estar al pie del dolor en la crucifixión de su hijo, ser llevada al cielo por los ángeles como mostrando de esta manera el  camino para cada uno de nosotros, acompañar maternalmente a cada uno de sus hijos en el camino de la santidad, den las enfermedades, en las alegrías…

La música, la poesía, el canto, la admiración, el aleluya regalado por el organista Sr.Julio para rendir a la Asunción la pleitesía enamorada no  eran más que ramilletes enamorados, como Dios lo hizo en el saludo de salvación del Ángel Gabriel quien la llamó:  “LLena de gracia porque el Señor es contigo”. Y eso que ella  no era más que una niña,  una adolecente de 14 añitos que se pone colorada al escuchar ese mensaje del Arcángel. Y es que era preciosa, la más graciosa, la criatura que más se parece a Dios, la que mejor refleja con nitidez la gloria de su rostro.

Y el Padre Eddi con su guitarra entonó  la oración del Ángelus que los cristianos rezamos cada día al sonido de las 12h, recordando el inicio de la Redención de la humanidad: Ny Anjelin’ Andriamanitra nilaza tamin´i Maria. Una noche inolvidable.

Manuel Ferrer