IMG_6198El domingo, 5 de agosto, tuvo lugar en el monasterio de Santa Clara, la profesión simple de María Teresa Pau Cid. La Eucaristía fue presidida por  Mn. Antonio Ripollés, y concelebrada por Mn. Pascual Centelles y Mn. José Mª Galiana. Familiares y un buen número de tortosinos amigos y colaboradores de las hermanas clarisas, asistieron también a la celebración.

Después del canto de entrada: “Aurora que alumbra el alba, Virgen María”, Mn. Ripollés nos dirigió una palabras de salutación destacando que con la profesión de la hna. Teresa se añadía una piedra más al conjunto de las piedras vivas del monasterio que lleva ochocientos años de existencia.

La 1ª lectura fue del profeta Zacarías (2, 10. 14-16). El salmo responsorial 44: “Escucha hija mía, inclina el oído”. La 2ª lectura de la carta de sant Pablo a los efesios (1, 3-6). Mn. Galiana proclamó el evangelio según san Lucas (Lc 1, 39-56).

A continuación las palabras dirigidas por Mn. Ripollés a la hna. Teresa: “Querida hermana, qué pides a Dios y a la Iglesia?  Pido que se me conceda la gracia necesaria para servirle…”  Bendigamos al Señor. Te damos gracias.

Mn. Ripollés en la homilía, entre muchas cosas dijo: Apreciados concelebrantes, María Teresa, religiosas y hermanos todos en el Señor.  Hoy celebramos  la Virgen de las Nieves, titular de este convento.  A mediados del siglo IV vivía en Roma un matrimonio que no tenían hijos. El día 5 de agosto del año 352, nevó y la Virgen les dijo que  en una de las siete colinas de Roma, había plantado el estandarte de la cruz. El papa Liborio construyó el templo de Santa María de las Nieves, más tarde la basílica Santa María la Mayor. Cuenta la leyenda que allí celebró la primera misa san Ignacio de Loyola. Hoy hace la profesión nuestra hermana Teresa, una tortosina que se entrega en esta  comunidad de las Hermanas Pobres de Santa Clara. Hace muchos años un grupo de mujeres renunciaron a las cosas del mundo para consagrarse al Señor. Quien esté dispuesto a perder la vida por mi la ganará. No es fácil entregarse al Señor. Teresa, sólo tú sabes el que te movió para dejar tu profesión y dar este paso, para venir a este convento y abrazar esta congregación. Que Dios te lo recompense y llegues a ser una piedra viva de esta comunidad de Santa Clara, a fin que esta antorcha siga encendida en medio de la ciudad de Tortosa. Parecen un contrasentido, pero son reales las palabras: Es más feliz el que da que el que recibe.

IMG-20180805-WA0015A continuación la profesión simple de la hna. Maria Teresa: ¿Quieres unirte más estrechamente al Señor con el ejemplo de santa Clara? Sí, quiero. Que Dios omnipotente te lo conceda por su gracia.  Señor, ayuda a esta sierva tuya que quiere seguir los consejos evangélicos. “Yo, sor María Teresa de las llagas de Cristo  Pau Cid, hago por seis años la  profesión en obediencia, pobreza, castidad y clausura… Me confío a esta familia religiosa y hago mi consagración al servicio de Dios y de la Iglesia.”. Si esto guardares, te prometo la vida eterna. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

A continuación tuvo lugar el cambio de velo blanco de novicia, por el negro de profesa. Recibe este velo. Recibe la vida de santa Clara y obsérvala fielmente. Recibe la cruz de Nuestro Señor Jesucristo y si sufres con Cristo, con El reinarás. Contestó sor Teresa: El mundo está crucificado para mi y yo para el mundo.

Después Mn. Pascual hizo las plegarias y entre otras: Por la hermana que se acaba de consagrar y por todas las hijas de santa Clara para que sean testimonio en el mundo. Durante el ofertorio las clarisas cantaron: “Te ofrecemos Señor, este santo sacrificio”. Durante la celebración, la cual fue muy solemne, todos los cantos fueron a cargo de las hermanas y algunos acompañados también por la voz de los fieles. Al final de la Eucaristia, todos irrumpimos en un fuerte aplauso.

Sor Teresa dio las gracias a los tres sacerdotes concelebrantes por haberla acompañado en un momento tan importante  en su vida. A la Madre Maestra, a sus hermanas de la comunidad, a la familia, a las compañeras de trabajo y a todos los que habíamos participado de la celebración. “Estoy feliz, nos dijo, porque estos tres años me han pasado como un soplo. El Señor es el amor de mi vida y cada día me da un regalo. Este regalo lo encontramos en los distintos momentos de la vida cotidiana: un abrazo, un beso, unos buenos días, etc. También doy gracias al Señor por una persona que pensaba que no podría asistir a mi profesión. Pedid y se os dará, dice el Señor. Muchas gracias y que El nos bendiga a todos”.  Salió de nuevo por parte de todos los presentes un fuerte aplauso.

Como final, nos despedimos con el canto a la Virgen: “El Magnificat”.  Luego fuimos todos obsequiados con unas pastas elaboradas por las mismas hermanas clarisas.

Hermana Maria Teresa, que el Señor la ayude a poner en práctica  siempre las palabras de san Francisco de Asís, escritas en la estampa recordatorio de este día: “Habiendo abandonado al mundo, no me queda más que hacer sino cumplir con solicitud la voluntad de Dios y agradarle en todo”.

Muchas gracias, hermanas clarisas y que el Señor les conceda nuevas vocaciones a la vida contemplativa.

                                                         Maria Joana Querol Beltrán