La vida de los niños y jóvenes cristianos se desarolla en diferentes ámbitos: la familia, el centro educativo y la parroquia. Para la transmisión de la fe y su educación es importante para ellos que estas tres instituciones, que constituyen sus puntos de referencia, trabajen coordinadamente. La semana pasada les ofrecía unas reflexiones sobre la importancia de los catequistas para la transmisión de la fe. Hoy quiero dirigirme a los profesores, especialmente a aquellos que imparten la religión católica en los centros educativos, a los que trabajan en colegios de titularidad eclesial y a los que se sienten cristianos, para recordaros que vuestro trabajo es importante, tanto para la educación en los valores humanos como en la vivencia de la fe. No olvidéis que tenéis que cultivar una serie de actitudes que pueden hacer más eficaz vuestra misión.

En primer lugar, un educador que quiere vivir su misión como cristiano tiene que cuidar su competencia humana y profesional, las técnicas pedagógicas y la formación intelectual, esforzándose para mantener una relación con los alumnos que despierte la confianza mutua. Un profesor así tiene una autoridad moral sobre los alumnos fundamental en todo proceso educativo, que es, ante todo, un proceso de relación entre personas.

Junto a esto, el profesor cristiano tiene que llegar a vivir una relación equilibrada entre fe y cultura. Ha de respetar la autonomía de estas dos realidades sin confundirlas y saber integrarlas. Esto es hoy especialmente difícil dada la situación cultural en la que ambientalmente nos movemos, donde encontramos formas de cristianismo anticultural o rechazo del cristianismo por parte de la cultura. Los profesores cristianos deberían caracterizarse por una síntesis equilibrada en las relaciones siempre difíciles entre fe y razón: tendrían que vivir una fe que se muestra confiada en las posibilidades de la razón humana para reflexionar sobre la realidad y, al mismo tiempo, la actitud de quien reconoce los límites de la razón y no rechaza todo lo que no consigue explicar. En definitiva, una fe que quiere apoyarse en la razón y una razón abierta a la fe.

En la medida en que sea posible, especialmente en los centros educativos de titularidad eclesial y de manera especial los profesores de religión católica, un educador cristiano tiene que dar testimonio con naturalidad, de que es posible vivir la fe en comunión con la Iglesia. Este testimonio, que debe ser ante todo un compromiso de vida, puede ayudar a despertar en los niños y jóvenes un sentimiento de afecto hacia Jesucristo y de confianza en la comunidad cristiana como lugar de la verdad sobre la persona del Señor y sobre los valores fundamentales desde los cuales construir la vida. Esto les puede hacer ver que la fe sobre la cual reflexionan en la clase de religión es algo más que una teoría.

En el contexto de la cultura secularizada que estamos viviendo, que muchas veces dificulta la presencia de una cultura cristiana en la escuela, en este comienzo de curso os pido que no os desaniméis, que creáis en el valor de vuestro trabajo y no olvidéis que si os mueve el deseo de buscar el bien para los alumnos, vuestro esfuerzo producirá más fruto del que os imagináis.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa