Con el comienzo del nuevo curso el ritmo ordinario de las parroquias y comunidades cristianas se reorganiza de nuevo. Entre las distintas actividades hay una de una importancia fundamental para la vida de la Iglesia: me refiero a la catequesis. Desde siempre ha sido el instrumento privilegiado para la transmisión de la fe a quienes manifestaban su deseo de ser cristianos, y de crecimiento en el conocimiento de Cristo y en la vida cristiana para aquellos niños y jóvenes que, estando bautizados, quieren completar su iniciación cristiana recibiendo los sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía. En la visita pastoral que he realizado a la diócesis y en las celebraciones del sacramento de la Confirmación que tienen lugar a lo largo del año, he podido comprobar que en todas las parroquias hay catequistas que, con su dedicación y esfuerzo, hacen posible que muchos niños y jóvenes oigan hablar de Jesucristo y conozcan un poco más la Iglesia. A todas y a todos quiero agradeceros sinceramente vuestro generoso servicio. También deseo que esta breve reflexión en el comienzo del nuevo curso os ayude a vivir mejor vuestra misión.

En la situación cultural que estamos viviendo, hemos de ser conscientes de que muchos de los niños y jóvenes que hoy vienen a la catequesis de nuestras parroquias, no solo están necesitados de saber cosas sobre Jesucristo y sobre la fe, sino de algo más fundamental: tener la ocasión de vivir esa fe, porque muchos no la han tenido. Nuestra primera misión es posibilitarles una experiencia de encuentro con el Señor y que conozcan la Iglesia desde dentro. Si conseguimos que se entusiasmen con Cristo, que lleguen a sentir que ellos también son Iglesia y a vivir con naturalidad su pertenencia a la comunidad cristiana, habremos logrado el objetivo más importante de los procesos catequéticos, y el aprendizaje de la fe será más fácil, porque tendrá como punto de partida la fe vivida.

Otro elemento a tener en cuenta es que muchos niños y jóvenes de hoy no tienen modelos que sean para ellos un referente de vida cristiana. Esto se debe a que en muchos casos la vivencia de la fe es algo ajeno a la vida familiar. Incluso muchos padres que se preocupan de que sus hijos reciban una educación cristiana en el colegio o en sus parroquias, no crean en el hogar un ambiente de oración y de experiencia concreta de fe, con lo cual los hijos acaban pensando que la fe es algo que se vive fuera de casa. Esto hace que muchos de los que vienen a la catequesis no conocen a nadie que pueda ser un modelo que les anime a ser cristianos. Por ello quiero recordaros a todos los catequistas, que uno de los retos que actualmente tenéis es que los niños y jóvenes vean en vosotros a personas que creéis de verdad lo que intentáis transmitirles y que vivís con alegría la pertenencia a la Iglesia.

No olvidéis tampoco que vuestra preparación es importante. Si a la vivencia sincera de la fe unís un mejor conocimiento de la doctrina cristiana, eso ayudará también a que los niños y jóvenes, además de vivir la fe, lleguen a conocerla y comprenderla mejor.

Pido al Señor que las dificultades del momento actual no os desanimen, sino que os estimulen a cuidar la preparación para realizar mejor vuestra misión. Os deseo un curso lleno de Frutos en vuestra tarea eclesial.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa