Durante la próxima semana, la asociación católica Manos unidas nos invita a sumarnos a su trabajo de lucha contra el hambre en el mundo, con dos gestos simbólicos que, al mismo tiempo, tienen una gran eficacia porque ayudan a concienciar a toda la sociedad de este drama que padecen millones de hermanos nuestros, y porque nos permite participar en la lucha contra la pobreza y en favor de la dignidad de las personas que promueve esta asociación: el viernes 8 de febrero, haciendo un ayuno voluntario podemos solidarizarnos espiritualmente con los que pasan hambre; y el domingo 10 somos invitados a aportar nuestra contribución económica en la colecta de esta jornada, que se realizará en las celebraciones de la Eucaristía en las parroquias e Iglesias de nuestra diócesis abiertas al culto.

Manos unidas nació hace 60 años por iniciativa de un grupo de mujeres de la Acción Católica decididas a remediar la situación de hambre de pan, de cultura y de Dios que viven millones de seres humanos en nuestro mundo. De este modo ayudaban a poner los cimientos para que estos hermanos nuestros pudieran conquistar sus derechos fundamentales. Dos convicciones han inspirado el trabajo de Manos unidas a lo largo de todo este tiempo: el principio de la doctrina social de la Iglesia formulado por el Vaticano II, que “Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para el uso de todos los Hombres y pueblos”; y la certeza de que solo un obstáculo en la lucha contra el hambre es insuperable: creer que la victoria es imposible.

Como he dicho, Manos unidas nació del compromiso de un grupo de mujeres. Por ello, en la campaña de este año se nos recuerda que si de verdad queremos luchar por un mundo más justo debemos creer en la igualdad de las personas. La lucha contra la pobreza será más eficaz si trabajamos por el reconocimiento efectivo de la dignidad de las mujeres. Frecuentemente no caemos en la cuenta de un hecho que está presente en todas partes del planeta: en las situaciones de pobreza e injusticia ellas son las más vulnerables y quienes más sufren las consecuencias. He aquí algunos datos que nos tienen que hacer pensar: si hay 25 millones de niños en edad escolar que nunca tendrán la oportunidad de aprender a leer y escribir en una escuela primaria, 15 son niñas; 39.000 menores son obligadas diariamente a contraer matrimonio sin tener en cuenta su voluntad, mientras que este hecho no afecta a los varones; 50.000 niñas mueren al año por embarazos precoces; el número de mujeres que poseen tierras es inferior al 13%.

Junto a estos datos, hemos de pensar en tantas mujeres que con su entrega en favor de sus familias y de los demás, nos dan testimonios admirables de heroísmo y de generosidad que muchas veces no son valorados. Como nos ha recordado el Papa en su exhortación Evangelii Gaudium (212): “Doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos. Sin embargo, también entre ellas encontramos constantemente los más admirables gestos de heroísmo cotidiano en la defensa y el cuidado de la fragilidad de sus familias”.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa