En 1970, Joseph Ratzinger no era ni siquiera obispo. Era simplemente un sacerdote profesor de teología, primero en Tubinga y luego en Ratisbona. Había dado una serie de charlas radiofónicas en Alemania y la editorial Kösel-Verlag de Múnich las reunió en 1970, con el título “Glaube und Zukunft” (traducido al español al año siguiente como “Fe y futuro”).

En su quinto capítulo, aparecía una pregunta: ¿cómo será la Iglesia del año 2000?

La situación mundial estaba cambiando, un nuevo orden se empezaba a establecer: la revolución sexual y la crisis de autoridad del mayo del 68 se consolidaron. En esa época, Internet era inimaginable.

Decía, refiriéndose a la Iglesia: Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio.  Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad.

Será pobre, se convertirá en una Iglesia de los pequeños. la Iglesia tendrá que abandonar esos templos que mostraban el esplendor de otros tiempos, porque se va a reducir, va a  ser  un  pueblo  pequeño  formado  por  pequeñas  comunidades  donde  el centro será la fe, la fe verdadera.

Y dijo: «cuando los hombres hayan dejado la Iglesia, como fuera de ella es un desierto, no tendrán más remedio que mirar hacia esta Iglesia pobre y humilde, que estará llena de luz».

En 1997, en el libro entrevista La Sal de la tierra. Cristianismo e Iglesia Católica ante el nuevo milenio, en conversación con el periodista y escritor Peter Seewald, dijo:

“Hoy no se puede ser cristiano a solas, ser cristiano significa situarse dentro de una comunidad en camino… Por eso la Iglesia debe preocuparse de crear estas comunidades… El ambiente social, hoy en día, ya no basta, porque no existe ya una atmósfera cristiana. Por eso, los cristianos tienen que apoyarse mutuamente. Es indispensable una renovación del catecumenado, que haga posible el ejercicio, el descubrimiento de la realidad cristiana”.

 Un año más, los responsables y catequistas de las comunidades Neocatecumenales de las diócesis de Tarragona y Tortosa, nos hemos reunido en convivencia del 7 al 10 de noviembre a fin de recibir la fuerza del Espíritu Santo para combatir, como le dice San Pablo a su catecúmeno Timoteo, el buen combate de la fe.

La secularización va avanzando, el “buenísmo” parece que sustituya al amor, las leyes justifican la “justicia” de los hombres, el aborto, la eutanasia, los engaños fundamentados en la dignidad humana, van estableciéndose como algo normal, la moral es la democracia, y como dicen algunos, la democracia está por encima de la ley.

Por ello, seguimos ofreciendo a las parroquias que nos llamen (nuestros datos se encuentran en el Obispado) la posibilidad de junto con los presbíteros , ir a buscar las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mt. 10,6).

Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.”.

Jordi Ubach i Equipo
Camino Neocatecumenal