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El martirio se convierte en el gozo del Señor, gozo del amor. Es fiesta, es martirio, es intercesión para quienes todavía estamos caminando en la tierra hacia el cielo, ese gozo eterno. Emociona escuchar el testimonio del joven Javier Castán cómo da testimonio del Beato Cándido Castán,  su bisabuelo, y  cómo agradece al Señor Jesús  la fuerza de  los tres mártires que tienen su imagen en la Capilla del Sagrario de san Bartolomé del pintor local José Antonio Caldés: los beatos Crisóstomo, Valeriano Luis y Eliseo Vicente, Hermanos de la Salle,  y cita además la lista de los  demás mártires benicarlandos del siglo XX que regalaron su vida por Jesús y  sus hermanos. Y le pide al Señor, con valentía juvenil, que esta entrega martirial nos de fuerza para testimoniar en nuestro hoy, el amor, la misericordia y el perdón de  nuestro Padre Dios. Y con humildad, salpicado por el dolor, les pide a todos ellos, que intercedan por todos nosotros porque nos cuesta vivir el compromiso de amor.

Mosén Arín, que presidía la concelebración de la santa Misa, decía que morían perdonando, porque amaban. Eran seguidores de Jesús resucitado, testigos del Dios vivo, portadores de esperanza gozosa. Y es que Jesús no ha quedado en el pasado, sino que es una luz  resucitadora que vive ahora, en medio de nosotros, y siempre. Ellos se sentían seguros, porque se sabían amados por Dios, tenían al Señor consigo y  estaban poseídos por su amor. ¿De dónde vienen estos mártires?  De Benicarló. Es un honor sentirse ahora protegidos por quienes se bautizaron, asistieron a la santa misa dominical, ayudaban codo con codo a los alumnos y familiares como uno más de nuestra ciudad. Nos sentimos muy honrados por conocer su vida. Ya pedimos, en el momento de su beatificación, que Benicarló contara con sus nombres en una de sus calles. Las cosas buenas están para mostrarse e imitarlas; y estos mártires benicarlandos son una fuente de gracia para todos nosotros. Agradecemos vuestra santidad.

Manuel Ferrer