Este domingo anterior a la solemnidad de san José celebramos en nuestra diócesis el día del seminario. El lema escogido para este año nos recuerda que no podemos considerar el seminario como una realidad desconectada de la vida de la iglesia diocesana y de las parroquias. De lo que sea hoy nuestro seminario depende en gran medida el futuro eclesial y pastoral de las comunidades parroquiales. Por ello, si valoramos la Iglesia, debemos pedir a Dios que haya jóvenes que presten atención a la posible llamada del Señor y que sean capaces de responder con generosidad poniéndose al servicio del Evangelio.

Actualmente la realidad de nuestros seminarios no es como era hace unas décadas. Pero gracias a Dios, hay pequeños signos de esperanza que nos ayudan a descubrir que el Señor sigue invitando a jóvenes para que colaboren con Él en la misión de ser sembradores de su Reino mediante el anuncio del Evangelio, la celebración de los sacramentos y el testimonio de la caridad hacia los más pobres. Durante este curso son cinco los jóvenes que se están preparando para el sacerdocio, recibiendo la formación en el Seminario interdiocesano y en la Facultad de Teología de Cataluña. Es un don que debemos agradecer a Dios. Pidamos para que perseveren en el deseo de seguir y servir al Señor viviendo su vocación como un verdadero camino de santidad. Una vocación sacerdotal es auténtica si quien la siente en su corazón la vive con el deseo de ser santo.

El seminario es una realidad que todos debemos cuidar y valorar. En las familias cristianas esta responsabilidad se vive si los padres educan a los hijos valorando positivamente la vocación sacerdotal; los sacerdotes están llamados a dar testimonio de que, a pesar de las dificultades que sufrimos en estos momentos en la Iglesia, es posible vivir con alegría el ministerio entregándose generosamente al servicio del Señor; los catequistas tienen la gran responsabilidad de sembrar en el corazón de los niños y jóvenes que se preparan para recibir los sacramentos de la Iniciación Cristiana, el amor a Jesús y el deseo de vivir como Él; las comunidades parroquiales no deberían dejar de pedir al Buen Pastor que no les falte el testimonio de pastores según su corazón. En estos momentos todos tenemos la responsabilidad de mostrar la belleza de la vocación sacerdotal poniendo en valor el ejemplo de tantos presbíteros que, en la sencillez del trabajo diario, en la dedicación constante a sus parroquias y en la disponibilidad para servir gastan la vida día a día. De esto, que es lo que vive la inmensa mayoría de los sacerdotes, no hablan los medios de comunicación social.

La celebración del día del seminario debe ser también una ocasión para que en la catequesis y en los grupos juveniles de nuestra diócesis se hable a los niños y jóvenes de la vocación sacerdotal. Gracias a Dios sé de muchos jóvenes que, cuando han conocido a un sacerdote entregado a su misión y que vive con alegría la vocación, valoran su entrega porque les ha ayudado a crecer como personas y como cristianos. Me gustaría que cada joven que ha tenido esta experiencia se planteara la posibilidad de que también a él estuviera llamándole el Señor.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa