El dia 13 de junio, fiest20180613_185232a de san Antonio de Padua, se celebró en el monasterio de vida contemplativa “Mare de Déu de les Neus” de Tortosa, una eucaristia presidida por el Sr. Obispo, Mons. Enrique Benavent y concelebrada por Mn. Antonio Ripollés, Mn. Pascual Centelles, Mn. Jordi Centelles, Mn. José Mª Galiana, Mn. Antonio Sesé y Mn. Josep García. Junto a la comunidad de las Hermanas Pobres de Santa Clara, asistieron un buen número de tortosinos colaboradores y amigos.

Se inició la celebración con el canto: “Alrededor de tu mesa”. A continuación nuestro obispo Enrique bendijo las obras de reparación del tejado de la iglesia. Todas las hermanas alrededor del órgano, se hicieron cargo de los cantos de la misa. Se proclamaron las lecturas de la festividad del dia. La primera de la carta de san Pablo a los efesios (Ef 4, 7-15) El salmo responsorial 39:“He proclamado tu lealtad, Señor” y el Evangelio según san Marcos (Mc 16, 15-20).

20180613_191525En la homilía el Sr. Obispo, después de saludar a los sacerdotes concelebrantes, a las hermanas clarisas y a todos los hermanos y hermanas en el Señor, nos dijo que era un motivo de alegría que hubiesen finalizado las obras de reparación de la iglesia; en primer lugar por la comunidad que celebra aquí los actos litúrgicos y luego para Tortosa, porque es un espacio de culto que está siempre abierto a toda la ciudad. Es motivo para dar gracias a Dios tener en medio de la ciudad un monasterio abierto a la oración y a la liturgia. Esto es un bien para Tortosa y para toda la diócesis. Agradecemos a todos los que habéis contribuido con vuestra generosidad para llevar a término estas obras de remodelación.

Celebramos hoy la fiesta de san Antonio de Padua. Quiero remarcar tres puntos importantes en la vida del santo:

Itinerario espiritual. San Antonio estaba abierto a lo que Dios le iba pidiendo en cada momento de su vida. Nació en Lisboa a finales del siglo XII. El quería seguir al Señor, ingresando muy joven en los Canónigos Regulares de san Agustín y más tarde ingresó en la orden Franciscana. Su deseo era propagar la fe en Marruecos, pero no pudo lograrlo. Las circunstancias de la vida,  ni le llevaron a Marruecos, ni al martirio. Sant Antonio llegó a Italia. Comenzó una nueva etapa en su vida marcada por la enseñanza de la teología. También tuvo que predicar y descubrieron que además de teólogo era un gran predicador. Siempre estaba abierto a las llamadas de Dios. Un cristiano, también  ha de estar atento a lo que el Señor le pide a lo largo de su vida.

San Antonio unía a la predicación, la contemplación y la vivencia de fe de lo que predicaba. Un predicador es alguien que vive la contemplación de los misterios de Cristo. Hay en él dos momentos: La contemplación de la infancia del Señor y los escritos profundos sobre la muerte de Cristo. El decía, si Cristo ha dado la vida por mí, es porque me valora mucho. También nosotros hemos de pensar: ¡cuánto me valora el Señor para dar su vida por mí! Pero, no basta la contemplación, sinó que hay que vivir lo que uno predica. Para san Antonio en la virtud de la castidad están encerradas todas las virtudes cristianas.

La vida de los santos no se acaba con la muerte. Su vida continúa, porque Dios a través de los santos derrama dones y gracias a los hombres, tal como hemos escuchado en la primera lectura de la carta de san Pablo a los efesios. Hemos de poner bajo su intercesión las pequeñas preocupaciones que nos van surgiendo de vez en cuando y que nos pueden llegar a quitar la paz del corazón.

Hoy nos ponemos bajo su protección y le pedimos que nos admiremos de la grandeza y del amor  de Dios que san Antonio supo predicar y plasmar en sus escritos. Que así sea.

Mn. Josep García hizo las plegarias y en el ofertorio las hermanas cantaron: “Bendito seas Señor, por este pan que nos diste”.  El canto durante la comunión fue: “Tu nombre es santo”.  Después de la bendición del Sr. Obispo y de las palabras: “En el nombre del Señor podéis ir en paz”, veneramos la reliquia del santo, mientras las hermanas clarisas cantaron: “Quiero ser Señor, instrumento de tu paz”. Luego  nos invitaron a tomar unas pastas y unas bebidas y tuvimos ocasión de hablar con ellas en el claustro.

Demos gracias al Señor por este santo. Murió en Padua el año 1231 y fue canonizado por el papa Gregorio IX al año siguiente, el 1232.  El papa Pío XII, el año 1946 lo proclamó doctor evangélico de la Iglesia, per su destacado celo en el anuncio de la Buena Nueva.

Recomendaba san Antonio de Padua: “Si predicas a Jesús, Él ablanda los corazones duros; si lo invocas, endulzas las tentaciones amargas; si piensas en él, te ilumina el corazón; si lo lees, te sacia la mente”.

Muchas gracias hermanas Clarisas y que el Señor les conceda nuevas vocaciones a la vida contemplativa.

                                                              Maria Joana Querol Beltrán

Álbum fotográfico