DOMINGO XIV “B”

Te basta mi gracia

El relato de la vocación profética de Ezequiel (cap 1-3) se centra en la llamada a transmitir el mensaje de Dios, te escuchen o no te escuchen (3,11), y en la acción simbólica de comer el volumen, que me supo en la boca dulce como la miel (3,3).

Siendo los destinatarios un pueblo rebelde que se ha levantado contra la Ley del Señor, el criterio para valorar la acción del profeta no es el éxito o no de su misión sino su fidelidad personal al encargo de hablarles.

El cap 12 de 2Cor forma parte de la “carta polémica” a los de Corinto, escrita en plena crisis entre el Apóstol y su Comunidad. Pablo inserta esta auto-apología contra quienes se vanaglorian de sus méritos.

La tarea de Apóstol se legitima tanto con extraordinarias revelaciones  como en penalidades humillantes. Para que no me engría, se me ha dado una espina en la carne: evoca un defecto crónico (Gal 4,13) que, según mentalidad antigua, Pablo califica como emisario de Satanás, fuente de todo mal y también del corporal.

Ante la súplica insistente al Señor para que aparte de mí dicho emisario de Satanás, la respuesta ha sido: te  basta mi gracia.

Porque la fuerza se realiza en la debilidad del hombre.

La apología culmina confesando que vivo contento en medio de las debilidades y las persecuciones sufridas por Cristo (nota de todo discípulo): porque cuando soy débil (y lo reconozco) entonces soy fuerte porque me presto a acoger la ayuda de Dios que necesito.

La crítica de los de Nazaret, su pueblo, se estructura en cinco preguntas retóricas: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María? ¿No viven con nosotros aquí?

Evidentemente no son preguntas sino acusaciones de desprecio hacia su mensaje y su persona.

Consecuentemente no pudo hacer ningún milagro; sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos.

Afirmación contundente: aunque curó algunos enfermos en realidad no hubo milagro porque no hubo apertura a Dios. Así enseña que la acción milagrosa queda incompleta sin la respuesta positiva al Señor.

Ilmo. Rdo. José-Luís Arín Roig