CORPUS CHRISTI   “B”

 Alzaré la copa para celebrar la Salvación  

La Alianza del Sinaí es consecuencia de la acción liberadora de Dios para con los oprimidos por la esclavitud de Egipto: Habéis visto cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído hasta mí. Si de veras guardáis mi Alianza, seréis mi posesión personal. (Ex 19,4s)

La respuesta del pueblo entero, que a una proclama “Haremos todo cuanto ha dicho el Señor”, es respuesta libre y agradecida al Señor.

Después del primer relato (Ex 19,1s) y presentadas las cláusulas de la Alianza -diez Mandamientos-, el Código de la Alianza (Ex 20-24) concreta las exigencias morales hasta narrar la Celebración litúrgica de la Alianza, cuando Moisés roció al pueblo con la sangre diciendo: “Esta es la sangre de la Alianza que el Señor ha concertado con vosotros” (Ex 24,8s)

Un animal cortado por el medio (Gn 15,10) simboliza las partes contrayentes que se obligan a sufrir la suerte del animal, cortado por el medio, si no cumplen el Pacto suscrito.

La homilía a los Hebreos exhorta a una Comunidad en crisis a renovar la confianza en Cristo, sumo sacerdote misericordioso y fiel en lo que a Dios se refiere (Heb 2,17).

Lo principal de lo expuesto (Heb 8,1) es que tenemos un sumo sacerdote que está sentado a la derecha del trono de la Majestad en los cielos, y es ministro del Santuario y de la Tienda verdadera, construida por el Señor y no por un hombre.

La clave es que Cristo se ha ofrecido Él mismo a Dios como víctima sin tara, en vez de ofrecer sangre de machos cabríos y terneros. Así su sangre nos purificará de las obras que traen la muerte.

Jesús encarga a los discípulos preparar un lugar para comer el cordero pascual; pero no sigue del todo el Ritual judío sino que inaugura una nueva Pascua donde la novedad son las palabras que le autodefinen como el Pan partido.

También las palabras identificándose con la sangre de la Nueva Alianza señalan el carácter de Nueva Pascua de esta Cena singular.

Las tradiciones de la institución de la Eucaristía (1Cor 11,23s; Mc 14,22s; Mt 26,26s; Lc 22,19s) coinciden todas en testimoniar de modo solemne que Jesús dijo: “esto es mi cuerpo”. Con un explícito “es” que tiene fuerza literal de identificación absoluta haciendo patente el sentido totalmente nuevo respecto a los panes ácimos del Ritual Judío.

M.I. Rev. José-Luís Arín Roig