DOMINGO XXI   “B”

Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de Vida eterna

Josué reunió todas las tribus de Israel en Siquén: el lugar no es casual porque en Siquén el Señor se apareció a Abrán y le dijo: a tu descendencia le daré esta tierra (Gn 12,7). También allí erigió un altar al Dios de Israel (Gn 33,18s).

El discurso sigue el esquema deuteronomista (Jos, Jc, 1-2Sam, 1-2Re): Si os resulta duro servir al Señor, elegid hoy a quién queréis servir.

A pesar de la habitual confesión de fe (el Señor nos sacó de Egipto), de hecho Israel no había dejado del todo las costumbres idolátricas.

Por eso cada generación de israelitas ha de renovar la Alianza con Dios, pues el Señor no acepta que su Pueblo ande cojeando sobre dos muletas entre el Señor y Baal como denuncia Elías (1Re 18,21).

Ef 5 presenta un verdadero código de deberes familiares con su clave de lectura en el v.1: Sed imitadores de Dios, como hijos queridos.

El v.2 añade la novedad cristiana: Vivid en el amor como Cristo os amó.

Sed sumisos unos a otros: ¡todos a todos!

Sumisión” indica la sumisión voluntaria de Cristo al Padre (1Co 15,28), de la Iglesia a Cristo (Ef 5,24) y de los cristianos unos a otros por amor (1Co 16,16).

Pablo no propugna una sumisión impuesta desde fuera.

El amor debe guiar la auténtica libertad: Sed esclavos unos de otros por amor (Ga 5,13).

El marido es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia: no aprovechándose de ella sino dándole vida con amor.

Culmina el Discurso del Pan de Vida con la reacción de muchos de sus discípulos: Este modo de hablar es duro! Quién puede hacerle caso?

Jesús, sabiendo que sus discípulos lo criticaban, avisa: El Espíritu es quien da vida. Como ya le había dicho a Nicodemo:  El que no nazca de agua y de espíritu no puede entrar en el reino de Dios (Jn 3,5).

También había insistido en este mismo Discurso: Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre (Jn 6,44).

Acoger el mensaje cristológico y eucarístico es un don que -además de la generosidad del donante- reclama la acogida del receptor y el uso correcto del “don”.

La interpelación de Jesús a los Doce (¿También vosotros queréis marcharos?) provoca la confesión personal de Pedro donde resuena la proclamación eclesial: Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de Vida eterna.

Ilmo. Rdo. José-Luís Arín Roig