DOMINGO XX   “B”

El Pan que Yo daré es mi carne     

 El libro de los Proverbios se presenta como manual para quien quiera ser sabio de verdad.

El título “Proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel” no es argumento decisivo para su autoría literaria; más bien es homenaje a Salomón, reconocido como el rey sabio por excelencia.

Las diversas colecciones del libro van encabezadas por un gran poema didáctico (cap 1-9) invitando a buscar la verdadera sabiduría, fuente de vida, mediante el camino justo.

Esta introducción sobre sabiduría y necedad es como el resumen y fundamento de todo el libro.

La sabiduría se ha hecho una casa: a lo largo de la Revelación, la sabiduría-cualidad se irá personificando hasta que el N.T. la presentará ya identificada con Jesucristo Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6).

La 2ª parte de Ef presenta el estilo de vida descrito antes (4,17s) como revestirse de la nueva condición humana.

Daos cuenta de lo que el Señor quiere.  Para lograrlo:

  1. a) Dejaos llenar del Espíritu, en vez de emborracharos con vino;
  2. b) en la Comunidad recitad salmos y cantad con toda el alma para el Señor, porque la búsqueda sincera de la voluntad del Señor tiene como lugar privilegiado la Comunidad eclesial;
  3. c) y sobre todo celebrad la Eucaristía “dando siempre gracias” a Dios Padre por todo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Repitiendo el tono incrédulo de la anterior objeción (¿No este el hijo de José? ¿Cómo dice que ha bajado del cielo?), ahora los judíos se ponen a discutir: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”.

Rechazan que la Salvación pueda venir al mundo por la auto-entrega del hombre-Jesús.

Si la anterior objeción rechazaba el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, esta rechaza el escándalo de la Cruz salvadora.

Si la 1ª parte del Discurso profundiza el misterio cristológico de Jesús bajado del cielo, la 2ª trata más el misterio eucarístico del Cristo que se da como alimento.

Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis Vida en vosotros: añadiendo “sangre” a “carne” se ve mejor la referencia eucarística a Jesús, entregado a la muerte en Cruz, que nos invita a celebrar la Eucaristía como memorial de su amor.

Ilmo. Rdo. José-Luís Arín Roig