DOMINGO XIX   “B”

No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios con que Él os ha sellado    

Bajo la dinastía de los omridas, Israel prospera por la unión de la cultura israelita y la cananea.

¡Pero no se puede adorar a la vez a Jahvé y a Baal!

Elías es testigo y adalid de la fidelidad al Dios de Abraham y la defensa de los pobres.

La fenicia Jezabel, esposa del rey Ajab de Israel, protege a los profetas de Baal; pisa los derechos de los pobres y quiere exterminar a los profetas del Señor.

Perseguido, Elías tuvo miedo y se fue para poner a salvo su vida; llegando a pedir la muerte: ¡Ya es demasiado, Señor!

Pero el ángel del Señor lo tocó y dijo: “Levántate y come”; insistiendo en que el camino que te queda es muy largo.

Mensaje: Con la fuerza de aquella comida, caminó 40 días y 40 noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Ya Is 63,10 decía de los israelitas que se rebelaron, “contristaron su santo espíritu”. Ahora el Apóstol dice: No entristezcáis al Espíritu Santo de Dios con que él os ha sellado.

De hecho la maldad es la raíz de toda la serie de vicios (amargura, ira, enfados, insultos).

El cristiano, más que novedades éticas, vive la preeminencia del amor de Dios manifestado en Cristo muerto y resucitado.

Sois hijos queridos de Dios: el hecho de la gracia de la filiación divina motiva la exhortación: Sed imitadores de Dios, vuestro Padre.

La analogía del parecido del hijo a sus padres justifica la clásica exhortación: sed santos, porque yo soy santo.

Ef concreta mejor el parecido: vivid en el amor como Cristo os amó. El parecido con Dios tiene su mejor expresión en el amor a los hermanos como Cristo, que se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

Insistiendo en que los judíos murmuran de Jesús y que Jesús les dice “No murmuréis/critiquéis”, Jn destaca el paralelismo con la murmuración de los israelitas en el desierto.

Negarse a creer en Jesús como el Enviado definitivo del Padre es negarse a aceptar los designios de Dios Padre.

Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado: creer en Jesús es entrar en el Misterio del Padre.

En la 1ª parte del Discurso (v.23-47) el concepto-clave es “venir a mí” con tensión netamente cristológica.

En la 2ª parte (v.48-58) el concepto-clave es “comer el Pan” con tensión directamente eucarística.

Ilmo. Rdo. José-Luís Arín Roig