DOMINGO VI Tiempo Ordinario “B”

¡BUSQUEMOS LO QUE CONVIENE  A LOS DEMÁS!

El libro del Levítico recibe el nombre de su contenido: leyes sobre el Culto que el Señor dio a Moisés desde la Tienda del Encuentro (Lv 1,1s) confiando a la tribu de Leví la organización y práctica del Culto en el Templo.
Los cap. 11-16 presentan normas sobre la pureza ritual con criterios hoy imposibles de entender.
Sobre una gran verdad (Dios nos quiere santos del todo) se sobrepone el error de “cosificar” la santidad, confundiendo la pureza de corazón con la pulcritud exterior.
El leproso era apartado de la convivencia social y del culto; la reincorporación del leproso una vez curado debía certificarla el sacerdote (Lv 13,47s)
¿Un cristiano puede comer carne sacrificada a los ídolos?
El criterio paulino es claro: “Todo lo que se compra en la carnicería, comedlo sin poneros a investigar nada por razones de conciencia” (v.25).
Pero siendo siempre fieles al criterio superior de la caridad: “Contentar en todo a todos, no buscando mi propia ventaja sino la de la mayoría para que se salven”.
Pues siempre el bien de los hermanos está por encima del derecho egoísta de uno mismo.
Por el mensaje del leproso curado, hay que recordar la mentalidad judía, donde la enfermedad era vista como castigo de Dios por una falta cometida (Nm 12,9s)
Lo primero que Jesús le da al leproso tocándolo con la mano, es la reincorporación a la Comunidad de hermanos que se dan la mano.
No todos pueden curar la lepra; pero sí pueden todos dar solidariamente la mano al hermano.
La Iglesia somos los hermanos que nos damos la mano para ayudarnos a crecer en santidad; y a la vez damos la mano a todos para que puedan sentirse hijos del mismo Padre Dios.
Una vez curado, Jesús (siguiendo la normativa de Lv) le manda ir a presentarse al sacerdote para poder así ser readmitido en la Comunidad.
La seria recomendación “No se lo digas a nadie” quiere evitar visiones triunfalistas de un mesías que, con su poder taumatúrgico, derrota él solo al Maligno rehuyendo cualquier tipo de Cruz.

José-Luís Arín Roig