DOMINGO X     “B”

¡No nos cerremos a la misericordia de Dios!

Gn 1-11 representa un punto y aparte esencial en la Biblia.

El 2º relato de la Creación plantea más la cuestión del origen del mal que el del mundo, con verdades básicas de fe expresadas en lenguaje mítico-poético.

A pesar de su rebelión, el Señor sigue preocupándose por Adán y le pregunta con amor: ¿Dónde estás?, ¿dónde te has metido?  (Gn 3,9)

Así Dios le recuerda el jardín del Edén donde le puso al frente.

Romper con Dios lleva a romper con el prójimo, y por ello Adán culpa a la mujer que me diste.

La serpiente (símbolo bíblico del enemigo de Dios) es maldecida con un anuncio de lucha: pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y su descendencia; y sobre todo con promesa de victoria final de uno del linaje de la mujer: el Mesías, el Hijo de Dios, nacido de mujer (Ga 4,4)

¿Cómo pueden ser “ministros” del Dios glorioso unos hombres sin cualidades realmente extra-ordinarias?

Pablo lee en profundidad su experiencia de Apóstol: la manifestación gloriosa de Dios le vendrá a su momento; ahora toca luchar.

La Salvación es para el Apóstol el valor decisivo, sin que la dimensión histórica sea negada o desconocida; simplemente es relativizada.

Saber que, si se destruye esta nuestra morada terrena, tenemos un sólido edificio que viene de Dios, no lleva a evadirnos del mundo. Pues aun cuando nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando cada día. .

En la acusación a Jesús de tener dentro a Belzebú lo más grave es quién le acusa: los escribas, responsables de instruir al pueblo en la Ley y administrar la justicia.

El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: no porque Dios no pueda o no quiera perdonar, sino porque el pecador se cierra a la misericordia de Dios.

La blasfemia contra el Espíritu Santo es el rechazo de la oferta salvadora y perdonadora de Jesús.

El evangelio muestra el contraste entre los familiares que vinieron a llevárselo, (porque decían que estaba fuera de sí) y la auténtica familia de Jesús que son todo el que haga la voluntad de Dios.

Ser de la familia de Jesús es fruto de la obediencia a la voluntad de Dios conocida por la fe en Jesucristo.

M.I. Rev. José-Luís Arín Roig