DOMINGO XXIII   “B”

En Dios no hay acepción de personas

En los cap. 34-35 de Isaías hay un claro contraste: mientras la espada del Señor desciende sobre Edón y los enemigos de Sión (34,5.8), para Israel han brotado aguas en el desierto.

Is 35 es un himno a la alegría con muchos sinónimos: júbilo, alegría, gozo. ¿Por qué Dios usa dos varas de medir? Porque el Pueblo de Abraham es el elegido por el Señor que viene y os salvará.

La gloria del Señor encabeza la marcha por el desierto como en un nuevo éxodo: pero hay que colaborar. Por eso sed fuertes, no temáis.

La exhortación básica de Sant 1,21s (Acoged con docilidad esa Palabra, que ha sido injertada en vosotros) es  ahora concretada.

Primero avisa del peligro del favoritismo: No mezcléis la fe con la acepción de personas. Porque si creéis en Jesucristo, debéis tener presente que en Dios no hay acepción de personas (Rm 2,11).

Más aún: si alguna diferencia hay que hacer, imitemos el estilo de Dios, que eligió a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino.

La estancia de Jesús en el territorio de Tiro apunta su apertura al mundo pagano. Igual que en territorio judío, le presentaron un sordo, que apenas podía hablar, y le piden que le imponga la mano.

En un relato de curación es habitual imponer la mano (7,32; 8,23) o las manos (5,23; 6,5; 8,25) como gesto de autoridad.

Le metió los dedos en los oídos y con saliva le tocó la lengua: Jesús obra los milagros con gestualidad y palabras que son preludio de la fuerza sacramental.

Mirando al cielo, suspiró y le dijo: “Efatá”, esto es “ábrete”. La mirada y palabra dirigida al sordomudo viene precedida por la mirada confiada al Padre del cielo.

Mantener en el relato la expresión aramea “Efatá” avala la historicidad del episodio y llama la atención sobre la eficacia divina de la palabra de Jesús en paralelo con la de Dios Creador, que dijo: “«Exista la luz». Y la luz existió” (Gn 1).

Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. La prohibición quiere evitar la interpretación triunfalista de un Jesús-Mesías según el estilo de David. Sólo ya encarcelado reconocerá Jesús ser el Mesías pero según el modelo del Sirvo Sufriente de Is.

Ilmo. Rvdo. José-Luís Arín Roig