DOMINGO XVIII   “B”  

Trabajar por el alimento que da Vida eterna   

El libro del Éxodo es el eje de los cinco “rollos” del Pentateuco: con la revelación del nombre de Dios (Ex 3,14), la huida de Egipto (Ex 12) y la Alianza del Sinaí (Ex 19) se va configurando la teología del Pueblo de Dios.

La sección 15,22-18,27 narra la marcha por el desierto antes de llegar al Sinaí, con episodios que plantean la cuestión básica: ¿Está el Señor entre nosotros o no?

La comunidad de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón sobre una base falsa: ¡En la tierra de Egipto nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos!

Aun así, el Señor dijo: “haré llover pan del cielo”. Para que sepáis que yo soy el Señor Dios vuestro.

La exhortación de Ef invita a dejar el estilo de los paganos y adoptar el de los bautizados.

La presentación es antitética: en el mundo pagano todo es negativo sin mezcla de bien; y en el de los bautizados todo es positivo sin mezcla de mal.

La exhortación tiene el centro en Cristo, fuente y motor del nuevo proyecto vital, con la imagen del desnudarse y revestirse -frecuente en la exhortación bíblica- que ya en los profetas indica el comportamiento visible de la persona.

La identidad escondida del bautizado, hombre nuevo injertado en el único Hombre Nuevo, que es Cristo, se nota en una vida justa, buena y santa de verdad, que es el “vestido” visible de la nueva naturaleza recibida en el Bautismo.

El “Discurso del Pan de Vida” empieza con la invitación a trabajar por el alimento que perdura para la vida eterna y acaba con la petición final: Señor, danos siempre este pan.

Primero, quienes han comido pan hasta saciarse, son invitados a trabajar por el alimento que perdura. Después Jesús anuncia que la obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado.

Al final aclara: es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.

Queda abierta la cuestión de cuál es el alimento que perdura para la vida eterna.

Sólo cuando le piden: Señor, danos siempre este pan, entonces dice Jesús: Yo soy el Pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.

Jesús es a la vez el donante y el don.

No recibimos de verdad la Eucaristía -el don que Él da- si no acogemos vitalmente al mismo Cristo -el donante que nos la da-.

Ilmo. Rdo. José-Luís Arín Roig