Con el lema Comparte lo que importa, el próximo Domingo se celebrará en las parroquias la jornada de lucha contra el hambre, promovida desde hace 59 años por la asociación católica Manos Unidas. Tanto los actos de esta jornada como las actividades que Manos Unidas organiza en nuestros pueblos y ciudades a lo largo de todo el año, forman parte de la vida de nuestra Iglesia y, a mi modo de ver, es algo que en todas las parroquias e instituciones eclesiales deberíamos potenciar entre todos.

El primer objetivo de esta jornada no es otro que sensibilizarnos ante un problema que padecen millones de seres humanos en el mundo. Aunque nosotros vivimos en una sociedad con un nivel aceptable de prosperidad y de bienestar, es bueno que no olvidemos que en el planeta hay muchas personas que no pueden ver realizado el derecho a la alimentación. El acceso a una comida sana, segura y apropiada no puede ser un privilegio de quienes vivimos en países desarrollados: es un derecho humano básico y, por tanto, una exigencia de justicia. Combatir el hambre que hay en nuestro mundo es una forma de luchar por la justicia. Nos hemos de felicitar de que actualmente en nuestra conciencia personal y colectiva se ha avanzado mucho en el reconocimiento de este derecho, pero no hemos de olvidar que, al igual que otros derechos, desgraciadamente no sólo no es respetado sino que cada año se agrava: según los datos de la FAO referentes al año 2016, 815 millones de personas padecieron hambre en el mundo, un 11% más que el año anterior. Por ello, en todo momento, pero especialmente en estos días de la campaña contra el hambre, debemos reconocer el trabajo generoso y desinteresado de tantos voluntarios y voluntarias que, desde el silencio y el anonimato, dedican tiempo y esfuerzo a trabajar por esta causa tan noble.

La campaña de este año, en continuidad con la de los dos años anteriores, nos invita a tener una actitud fundamental si queremos plantarle cara al hambre: Compartir. Manos Unidas comparte con nosotros el trabajo que hace en tantos países para ayudar a las personas a tener una alimentación digna, tanto las acciones encaminadas a resolver situaciones urgentes de extrema necesidad, como los proyectos que apoya y con los que se pretende luchar contra las causas que están en el origen de esta lacra (como los orientados a la educación o a reforzar el sistema sanitario), y también ofrecer a muchas familias la posibilidad de una seguridad alimentaria (como iniciativas que permitan el acceso permanente a los alimentos necesarios para el consumo humano). Este año nuestra diócesis ha asumido dos proyectos: ayudar a una zona rural de Costa de Marfil a disponer de una ambulancia para que los enfermos puedan ser llevados al dispensario médico en caso de urgencia, y a unas comunidades indígenas del Perú a mejorar su calidad de vida ayudándoles a organizar unas estructuras de gestión agropecuaria.

Son necesidades que nosotros no podemos imaginar que no estuvieran cubiertas en nuestra sociedad. Y sin embargo hay personas que no tienen todavía acceso a ellas. Que esta campaña sea para todos nosotros una ocasión para compartir nuestros bienes con los más necesitados.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa