El día 27 de septiembre, se celebra la fiesta de San Vicente de Paúl, fundador de la Congregación  de la Misión, los Misioneros Paúles, sacerdotes y hermanos que siguen a Jesucristo en la evangelización de los pobres y también fundador de las Hijas de la Caridad que siguen a Jesucristo, modelo del verdadero amor, sirviéndole en la persona de los más pobres y desfavorecidos de la sociedad. “Hemos de entrar en los sentimiento de los más pobres… para sufrir a su lado, haciendo lo posible para que nuestro corazón se llene de ternura y se vaya haciendo sensible al sufrimiento y a las dificultades de los otros”.  (San Vicente de Paúl)

Como todos los años, las hermanas que tenemos en Tortosa, que tienen a su cargo la “Casa d’Acollida” y otras obras de caridad, se reunieron en la capilla del Sagrario de la Catedral para celebrar la Eucaristía. Había en el presbiterio una imagen de San Vicente de Paúl con una vela encendida. La presidió mn. José Mª Membrado, rector de la parroquia del Santo Cristo de la Catedral y concelebró mn. Antonio Ripollés.  La hermana Mª Teresa hizo la monición de entrada, agradeciendo al Señor todos los bienes recibidos. “Démonos a Dios en la expresión de una convicción profunda, de una experiencia espiritual que le llevó a San Vicente de Paúl a la acción…”

Las lecturas que se proclamaron fueron las propias de la festividad: La 1ª del profeta Isaías (Is 52, 7-10). El Salmo responsorial 95: “Cantem amb veu exultant el nom del Senyor”.  La 2ª lectura de la 1ª carta de San Pablo a los cristianos de Corintio (1ª Co 26, 2-2) y el Evangelio según San Mateo (Mt 5, 1-12).

Mn. José Mª Membrado inició la homilía saludando a las hermanas de la Caridad y al buen número de fieles que se habían reunido para la celebración de la Eucaristía. Resaltó las virtudes de san Vicente de Paúl, sobre todo su espíritu de caridad, que según palabras del Papa Francisco, practicó una misión para encarnar el Evangelio con el carisma de la caridad. Mn. Membrado enlazó este carisma con el Evangelio que se acababa de proclamar: Las Bienaventuranzas. “Viendo a la muchedumbre, Jesús subió a un monte… diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos… bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados…”  Imitando a San Vicente de Paúl, nuestro camino, entre otros, ha de ser la caridad con los más pobres y los más necesitados. La ayuda que les damos, es un servicio que hacemos al Señor. “Si dejáis la oración para atender a un hermano, acordaros que este servicio lo habéis prestado al mismo Dios”

En las plegarias, entre otras peticiones, se pidió por las Hijas de la Caridad para que vivan siempre su carisma y por toda la familia vicenciana dispuesta siempre a seguir a Jesús pobre y humilde. Al finalizar la Eucaristía, se veneró la relíquia del Santo y mientras se cantó el himno: “Enséñanos a amar Vicente de Paúl, al pobre nuestro hermano como lo amaste tú”. Finalmente se bendijeron unas “cocas” que se repartieron entre los que participaron de la celebración de la Eucaristía.

Y acabo con unas palabras de San Vicente de Paúl: “Los pobres se manifiestan tal como son; nos corresponde a nosotros adaptarnos, convertirnos… para ir allí donde están ellos” 

                                                                                               Maria Joana Querol Beltrán