Con el fin del tiempo de vacaciones las instituciones educativas y eclesiales van recuperando progresivamente la normalidad. Este año el comienzo del nuevo curso en la Iglesia está marcado por la celebración del mes misionero extraordinario convocado por el papa Francisco, para conmemorar el centenario de la promulgación de la carta Maximum illud del papa Benedicto XV. Se trata de un documento importante, en primer lugar por el contexto histórico en el que fue publicado. En Europa había terminado la primera guerra mundial, que había provocado millones de muertos. Benedicto XV quiso, con este documento, que no se uniera ni confundiera la misión de la Iglesia con los intereses expansionistas y colonialistas de los países europeos. Lo que mueve a la Iglesia a hacerse presente en los pueblos que no conocen a Cristo es el deseo de obedecer al mandato que el Señor resucitado dio a sus discípulos: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15). Separando la misión eclesial de los intereses de los estados, esta adquiría un rostro más evangélico.

Esta carta supuso también un desarrollo de la conciencia misionera en todo el Pueblo de Dios. La idea de la corresponsabilidad en el anuncio del Evangelio se extendió por toda la Iglesia. Este anuncio allí donde no se había oído hablar de Cristo, dejaba de ser algo exclusivo de las órdenes y congregaciones religiosas y comenzaba a ser visto como una responsabilidad de todos los católicos. Crece un sentimiento de aprecio hacia los misioneros y misioneras y por lo esencial de su misión, que no es otra cosa que anunciar a Jesucristo para que sea conocido y amado por todos. Esta conciencia se generalizó en la Iglesia. En los seminarios se cultivó el espíritu misionero y muchas diócesis buscaron formas de colaboración con iglesias de países de misión que estaban más necesitadas de sacerdotes. El decreto Ad gentes del Concilio Vaticano II supuso un reconocimiento a esta orientación iniciada con la carta Maximum illud.

Para la celebración de este mes misionero el papa Francisco ha escogido un lema que nos compromete a todos: Bautizados y enviados. Todo bautizado ha de sentirse enviado a ser testigo del Evangelio, no sólo en los lugares donde no se conoce a Cristo o se necesitan sacerdotes o agentes de pastoral, sino allí donde se vive y en el compromiso concreto que cada uno tenga en la vida eclesial.

También en nuestras parroquias y diócesis es necesario que vivamos con espíritu misionero. En la exhortación Evangelii gaudium el papa Francisco nos animaba a no resignarnos a mantener lo que ya tenemos. De este modo, en la mente del Papa, el espíritu misionero, que nos habla de una Iglesia que no se encierra en sí misma, sino que sale a anunciar a Cristo a quienes no lo conocen, debe impregnar la vida de nuestras comunidades y no solo la de quienes dejan su tierra para ir a otros lugares. Eso significa que en esta sociedad, que en muchos aspectos es postcristiana, debemos aprovechar todas las oportunidades que se nos presentan como posibles espacios de misión.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa