El día 18 tuve la oportunidad de participar en el retiro que prepararon los grupos de Acción Católica en la casa de espiritualidad de las te2resianas. En primer lugar debo decir que fue una gracia, el poder asistir; tuve un poco de tiempo, durante la mañana de sábado, el 18 de Marzo, y me dirigí hacia la casa de espiritualidad de las teresianas. Vi mucha gente. Me dio alegría. Saludé al arzobispo de Barcelona y a nuestro obispo Enrique.

Comenzamos la presentación, allí estaba el responsable del grupo e hizo la oración con un cántico;  fue todo en la iglesia, luego dirigió la primera conferencia el arzobispo, Mns. Omella. Tuvo la amabilidad de darnos en un folleto la conferencia escrita, en castellano y en catalán.  Pretendió hacer del tema la Lectio divina, escogió el periplo de Jacob, la bendición, la huida en la persecución por su hermano Esaú, que le obligó a marchar a las tierras de su abuelo, Abraham, lo cual significa que no habían perdido el contacto, y comenzar una época nueva para su vida. Se sentía desesperado Jacob. Pero la llamada de Dios continuaba. Nos hizo ver, con la figura de Jacob, controvertida, la dificultad de nuestros tiempos, pero que Dios está con nosotros y nos está apoyando. La escala que sube y baja de cielo a la tierra, es un descubrimiento de la presencia de Dios que nos acompaña. Pretendió darnos confianza y esperanza a nuestros tiempos difíciles y con muchas contradicciones, pero Dios está entre nosotros.

Habló de la necesidad de encontrar a Dios, dentro de nuestras miserias y pecados, dentro de nuestras desolaciones; Dios salió al encuentro de Jacob y está entre nosotros. No tengamos miedo. También a los sacerdotes nos puede llegar este tiempo de desolación; llega a las familias que se apartan de Dios de tantas maneras. Mi experiencia es ésta: la oración a Dios siempre ha sido un refuerzo, una ayuda necesaria para seguir adelante. Sin la oración todo es duda y desconcierto.

Le dije a Mns Omella que fui cura de Batea durante nueve años y estuve varias veces, en su pueblo de Cretas; incluso a fiestas mayores.

Además tuve la oportunidad y la gracia de hablar diez minutos con él. Me dio el aspecto de ser un cura de parroquia y obispo, que busca el trato personal y la ayuda a los feligreses. Me decía que las cosas hay que hacerlas, aunque seamos poca gente.

Él decía abiertamente que es un hombre de pueblo. Pero yo diría que es  un hombre amable. Además, yo añado, un hombre de la gracia de Dios. Un hombre con gran vocación y mucha experiencia de trato pastoral, contacto con el pueblo, visita a familias, administrar el sacramento de la penitencia. Le hice varias consultas1 y me ayudó bastante a tener serenidad en estos tiempos de crisis; tiempos difíciles que muchas veces hay que tomar decisiones importantes; y perseverar en el objeto.

En resumen,  el retiro, lo comenzamos con la oración, luego la conferencia, lectura del texto, meditación, contemplación y hacer una aplicación a la vida. Luego la exposición del Santísimo durante una hora, y Mn. Omella invitó a confesarse; luego impartió otra conferencia con el título: “No temas que yo estoy contigo” (Is 41, 10). Nuestro obispo Enrique estuvo un rato y después marchó a Horta de Sant Joan, en motivo de la Fiesta de San Salvador. El retiro duró toda la jornada

Mn Antonio Bordás Belmonte.