Experiencia de la Hna. Isabel Morelló Culubret, Teresiana,
presentada en la “ Trobada anual de Delegats de Missions de Catalunya”

Tortosa, 25 de agosto de 2014

Nací en Tortosa en 1937 y entré en la Compañía de Santa Teresa de Jesús en 1958. Durante el noviciado me ofrecí para América Latina e desde 1961 estoy en el Brasil. La situación política cuando llegué era muy inestable y el temor de que el país cayese en el comunismo, como ocurrió en Cuba, era grande en todos los sectores de la sociedad.

Mi primer destino fue Río de Janeiro, como educadora y estudiante universitaria. En 1964 por un golpe militar, cayó el gobierno constituido y entramos en una dictadura. En el primer momento, la Iglesia que temía el comunismo, acogió y apoyó el nuevo gobierno, pero en breve, con las persecuciones a líderes cristianos y a otras personas y la falta de libertad, tomó consciencia de la situación del pueblo y se colocó proféticamente en defensa de la verdad y la justicia. Durante muchos años, la única voz de oposición en el Brasil, la única voz profética y de defensa de los derechos de los ciudadanos fue la Iglesia. Tuvimos Santos Obispos que fueron profetas, servidores, otros Cristos, entre ellos : D. Helder Câmara, D. Luciano Mendes de Almeida, D. Pedro Casaldáliga, D. Paulo Evaristo Arns, D. Aloizio e D. Ivo Lowchenfelder…

El Vaticano II había lanzado el fuego del Espíritu y se deseaba por todas partes la renovación de la Iglesia. Con Medellín en 1968, los Obispos de América Latina tomaron más conciencia de la realidad de sus pueblos, de la pobreza extrema en que vivían nuestros hermanos y de la urgente necesidad de evangelización. Se percibió la necesidad de dar, a partir de frentes misioneras de religiosos(as), formación a las comunidades cristianas de todo el continente, de modo especial en las regiones alejadas de los centros urbanos. Como medio principal a través de la Palabra de Dios, que a través del método ver, juzgar, actuar y celebrar, dio origen a las múltiplas comunidades eclesiales de Base.

La Conferencia de los Obispos del Brasil en 1972 hizo una llamada insistente a las Congregaciones Religiosas para que fundasen comunidades insertas en los poblados del interior de las regiones del Norte y Nordeste del Brasil, casi todas próximas a la Amazonía. Las congregaciones Religiosas y entre ellas las Hermanas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, respondimos con generosidad y creamos comunidades en regiones apartadas, del interior del Brasil. Nosotras en los estados del Marañón y del Pará y después en Goiânia y otras. Trabajando junto a los pobres mas pobres, evangelizando y ayudando a construir el Reino de Cristo, a través de la catequesis, la formación de la mujer, los núcleos de alfabetización, el trabajo en Parroquias, en centros sociales para los niños, grupos bíblicos, formación profesional, pero principalmente por su presencia en medio del pueblo como fermento en al masa.

Como teresiana y misionera participé de todo este movimiento, deseaba ardientemente en los años 70, ir para esas regiones del Norte del Brasil, pero a través de un discernimiento, vi que mi misión era abrir caminos, concienciar a las hermanas, a los educadores, para la opción por los pobres y la educación liberadora evangelizadora. Sentí esta vocación muy fuerte, dentro de la vocación teresiana. En toda mi vida, en todo lo que la Compañía me pidió, tanto como educadora, directora de escuelas y obras, formadora, provincial. Tengo claro que para construir el Reino se ha de optar por los pobres como Jesús. En esta fase abrimos varias comunidades insertas en favelas. Cada obra escolar que teníamos creo una filial en vilas o favelas próximas. En Río, llegaban también muchas jóvenes emigrantes de las Regiones del Nordeste del Brasil para ser empleadas domésticas. Creamos para ellas una obra educacional gratuita. Casi todas eran de raza negra, pobres, muchas analfabetas. La escuela nocturna de Primaria y Secundaria, llegó a tener 500 alumnas. Todas mujeres, por nuestra opción por la mujer tan despreciada y sin medios para formarse en todos los aspectos. Recibían también además de formación intelectual y religiosa, formación profesional.

Hoy tengo casi 78 años, estoy como secretaria de la Provincia, no tengo por la edad, las condiciones que tenía hace años para el trabajo misionero específico, pero mi misión no terminó. Continuo esforzándome por la Construcción del Reino, que solo puede realizarse si nos empeñamos hasta la muerte, como Jesús, para que los pobres sean evangelizados y haya paz y justicia en el mundo.

Isabel Morelló Culubret